El ojo marrón de Bellini
Los italianos pueden decirte que los Bellini nunca tienen ojo para el sexo, pero Anita aquí es una de esas excepciones tan evidentes. Con un cuerpo más ajustado que el coche que está lavando, la dama se enjabona para que dos jóvenes trovadores, Toby y Clark, pongan los pistones en marcha en ambos extremos. Ruge y ronronea como cualquier producto del viejo país. Su motor alcanza un punto álgido, con los dos sementales vaciando los tanques por toda su cara.

























